Artículo publicado el 27 de Marzo de 2015 en Bendita Becariedad.

Corre, aún estás a tiempo

«Huye, corre ahora que puedes. Sal corriendo tan rápido como seas capaz, no dejes de correr hasta que el corazón se te salga del pecho. No mires hacia atrás, da igual si te pareció ver algo o escuchar a alguien. Tú sigue, cabeza al frente. Desconecta el teléfono, sal por la puerta de la agencia y no vuelvas.

Siempre hablamos de lo mismo, de lo guay que es nuestra profesión, de la creatividad que nos sale por las mangas, de lo que fardamos en las fotos en los festivales de publicidad y de la puta agencia, esa relación de amor-odio tan intensa y desgastadora. Pero nunca queremos hablar de lo obvio, de lo que todas las personas que trabajamos en agencia tenemos que sufrir, y por supuesto, de todo lo que hacemos sufrir a nuestros seres más cercanos. Y de esto va hoy la cosa, de todo lo que te da y te quita la publicidad.

Por esas tardes libres, por las siestas, por los maratones de pelis y series que ya nunca podrás volver a disfrutar de diario. Se acabó la buena vida, los paseos de día por Madrid, el sol en la terracita mientras tomas un café o una cerveza. Se acabaron los colegas y las relaciones sociales, ahora solo tendrás tiempo para un café rápido de máquina o del bar de debajo de la agencia, y no tardes mucho en subir que hay curro.

Despídete de tu casa. Y saluda a tu nuevo hogar, la agencia. Es como una independencia obligada, aunque sigas teniendo casa ya no vas a pasar tiempo en ella. Saldrás pronto de ella, y llegarás muy tarde, algunos días incluso llegarás al día siguiente. De diario, tu casa pasará a ser un lugar donde cenar y dormir, nada más. Me conozco a más de uno que los findes también hacen excursión a la agencia, o a rodajes, o a workshops. Así que, los fines de semana ya lo vamos viendo.

Tus padres te verán de finde en finde, en la mayoría de los casos se habrán marchado a trabajar cuando tú te levantes y se habrán acostado cuando llegues. Conviviréis gracias a los tuppers que te dejen en la nevera y a los Whatsapp de tu madre preguntando qué tal estás, que te ven con cara de cansado, que te están saliendo canas, se te está cayendo el pelo y arrastras ojeras toda la semana. Si ya vives solo, entonces tendrás que tirarte la tarde de domingo entera cocinando para toda la semana, o comiendo al día de congelados y frituras. Allá tú de lo cocinitas que seas.

Compensa a tu pareja. Porque si tú te quejas de lo que te explotan en la agencia, de lo oportuno que es el cliente y de la sobrecarga de trabajo que te obliga a echar horas en la agencia, ella es quien te aguanta y soporta tu spam publicitario permanente. Necesitas saber desconectar una vez salgas de la agencia y poder agradecer con la mejor versión de ti mismo a la persona que se adapta a tus horarios intensivos-extensivos, todo sea por tí. En publicidad, tu pareja es la mejor razón para poder con todo otro día más. No seas tan tonto de perder eso, que mucho te tiene que querer para seguir ahí contigo. Si ya te ha dejado, luego no digas que no te avisé.

Ahora que aún no has empezado en esto, estás a tiempo. Olvídate de ello, tienes muchas más alternativas en las que poder trabajar toda tu vida, y seguro que la inmensa mayoría de ellas serán más saludables. Tenemos fama de no trabajar, de que nos pagan por hacer algo que nadie entiende, pero realmente trabajar en publicidad no es cómodo, no es fácil, ni está bien remunerado. Ahora que puedes, disfruta de tus tardes libres, de tus cervezas de diario y de los paseos por Madrid. Y una vez hayas disfrutado de todo, plantéate ¿quieres seguir adelante? ¿Quieres seguir trabajando en publicidad?»