Artículo publicado el 26 de Noviembre de 2015 en Bendita Becariedad.

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«No lo digo yo, lo dicen los especialistas, los que de verdad saben. Lo dicen hasta en el vecindario, incluso el carnicero de tu barrio. Si no estás seguro no lo hagas, si tienes dudas ni lo intentes, porque sólo podrás conseguirlo si no tienes miedo al fracaso.

Posiblemente lo que leas a partir de ahora no sea novedoso y ya  lo habrán contado pero es importante, así que al igual que Matias Prats y sus 15 puntos: permíteme que insista.

Partamos con la premisa básica que los humanos distamos mucho de ser perfectos, aunque nos hayamos esforzado en disfrutar de una buena educación, en entrenar unos reflejos psíquicos y unas más que suficiente notables habilidades mentales, aún tenemos pendiente una de las claves para triunfar: el miedo a fracasar.

Creemos que al fracasar no somos merecedores de lo mejor, que la percepción tan buena que tenían de nosotros se ha empañado con ese tropiezo, como quien resbala en la calle y mira a los lados para asegurarse de que nadie le ha visto y se está riendo de él. Por eso tendemos a esconder nuestros errores, levantamos esa gran alfombra que tenemos y barremos ese fracaso debajo, bien tapadito para que no llame la atención. Pero, ¿por qué esconderlo? Si forma parte de nuestro ADN, de nuestro carácter.

Si algo hemos aprendido de las películas americanas es que nunca puede salir perfecto, siempre hay escrito en el guión un nudo argumental o problema que deben resolver los protagonistas y que, en la mayoría de casos, ha sido ocasionado por el propio personaje principal para que al final de la película, tras resolver el embrollo, quede un victorioso final feliz seguido de unos largos créditos. Es más que probable que el final tan sólo sea volver al punto de partida, antes del problema argumental, pero después de solucionar el error a quién le importa… A nadie, porque ese tipo es un héroe.

O si leemos cualquier biografía o vemos documentales acerca de los grandes triunfadores de la Historia de este mundo nos daremos cuenta de que a cada éxito le precede más de una cagada, y ojo que las hay monumentales. Hay un dicho en el mundo empresarial y es que no te harás rico hasta que te hayas arruinado 3 veces, creo que va siendo hora de romper el cerdito y apostarlo todo al 13 para estar más cerca de conseguirlo.

En todos los casos anteriores, los fracasos siempre preceden al éxito porque es gracias a ellos por lo que el éxito se hace efectivo, porque aprendes de tus errores para no volver a cometerlos, porque te hacen más fuerte y porque te ayudan a prepararte mejor ante cualquier imprevisto y permanecer siempre en estado de alerta. Y lo mejor de todo es que después del éxito seguirán apareciendo más de un fracaso, porque ellos siempre te querrán acompañar y eso no es malo, te están preparando para tu siguiente éxito.

Por ello, desde aquí, desde mi humilde espacio quiero proponerte algo. Puede que te parezca una locura pero yo estoy seguro de que funcionará, coge tu currículum y no lo llenes de los cursos online, ni de tus niveles del paquete Office o Photoshop. Borra todo eso y pon ahí todos tus éxitos y fracasos, explica qué intentaste y por qué fracasó o triunfó. Te aseguro que dirá mucho más de ti que lo que tenías puesto antes, porque para impresionar a alguien tienes que hacerlo con algo que no espere, y porque si tu mismo eres consciente de tus errores toda persona que lea tu CV sabrá que no son fracasos sino aprendizajes, másteres exprés aprendidos a golpe de remo. Porque no lo digo yo, pero solo si no tienes miedo a fracasar llegarás tan lejos como tus errores te permitan.»