Artículo publicado el 27 de Abril de 2016 en Bendita Becariedad.

No-nos-enganemos

“¿A quién queremos engañar? Míranos, aquí sentados viendo como recogen los premios otros, como les aplauden y sonríen. Mientras nosotros agarramos fuerte el reposabrazos y rechinamos los dientes sin que se nos arrugue en ningún momento la sonrisa que mostramos. Pero no sé por qué nos extraña, con la mierda que hacemos a lo largo del año… Y encima queremos que lo nuestro sea lo mejor.

Fantaseamos viendo Mad Men, hablamos de Bernbach, Bassat, Segarra y de otros mitos de la publicidad. Hablamos de sus grandes éxitos publicitarios y pensamos “joder, tenía que haber hecho yo esa campaña” porque la publicidad es así, hay spots que sólo necesitas verlos 5 segundos para darte cuenta que estás ante un unicornio capaz de cambiar la manera de hablar de las personas, la forma de pensar o incluso su comportamiento a la hora de comprar.

Pero la realidad es que nunca vamos a hacer una campaña global de Coca-Cola lanzando al mundo un mensaje de felicidad (en la actualidad más de sabor), ni vamos a reinventar el sector del automóvil con una mano que se escapa de la ventanilla de un estiloso coche y juega con el viento, ni mucho menos conseguir posicionar como referentes a unos almacenes suecos que te venden los muebles sin montar. Nos han comido la tostada amigo, nos han vendido el oro y el moro, el puto Mad Men…

Y no llegaremos a hacer esas campañas reconocidas hasta por los jóvenes estudiantes de publicidad porque no queremos hacerlas, es así de sencillo. Sino dime por qué hacemos esta mierda, por no ser ni es campaña. Una pieza aislada que apoya una campaña de la cual nadie conoce su estrategia, de la cual el eslogan no tiene ningún sentido y el anuncio podría ser de un banco como de una compañía de telefonía móvil. Y si lo pensamos calmadamente ahí está nuestro problema, no es lo mismo un seguro de hogar que una nueva cerveza con limón. Por lo tanto, no las anunciemos como si lo fueran. Y a estas alturas, no nos vale la excusa de que el cliente lo quiere así, porque cuando Segarra hablaba con BMW seguro que no hacía lo que el cliente le pedía para ir sobre seguro, sino que buscaba la innovación y le pedía un voto de confianza a su cliente. Porque sabía que la idea era muy buena, porque confiaba en su equipo y porque podría cambiar la manera de vender coches en este país.

Así que dejemos de fruncir el ceño mientras aplaudimos lentamente, porque si no queremos hacer buenas campañas no es porque no podamos sino porque no queramos hacerlas. Aunque también nos digo, que nunca es tarde para ponernos y ver capaz de lo que somos capaces de llegar a hacer.¿Te imaginas poner la tele y que a la gente le entretuvieran los anuncios? ¿Te imaginas que les gustaran y se reuniera la familia para verlos y comentarlos luego con sus amigos? Ahora que lo pienso, esto en España ya era así, cuando la publicidad era publicidad, sino que se lo pregunten a los hermanos Moro. A veces se nos olvida que aquí había grandes creativos, y aún los hay… ¿También los habrá?”