Artículo publicado el 2 de Octubre de 2014 en Bendita Becariedad.

y-tu-a-que-te-dedicas

«Cuando le cuentas a alguien a lo que te dedicas solemos generar dos reacciones: o se interesan por tu trabajo o les parece tan banal que no sienten interés. En nuestra profesión quizás tengamos la receta para generar ambas sensaciones al mismo tiempo: la banalidad de hacer publicidad que genera interés por conocer cómo se hace.

Aún recuerdo cuando hace 6 años les dije a mis profesores que quería ser publicista. La primera reacción fue la mejor: esa reacción imprevista, el leve arqueamiento de las cejas y la frase que quizás más he escuchado desde entonces ‘Ah, ¿qué hace falta estudiar para eso?’.

A lo largo de la carrera, he tenido que ir explicando a algunas personas que realizar el Grado en Publicidad y Relaciones Públicas no te sirve para poder repartir flyers de discoteca con mayor destreza. De hecho, no tiene nada que ver con eso. La publicidad tampoco es únicamente los anuncios que aparecen justo en el momento más interesante de la película que estás viendo. La publicidad es mucho más.

No es hacer spots de televisión, cuñas de radio o páginas de prensa. La publicidad es esa intención persuasiva que está presente en todas las conversaciones entre empresas y consumidores, incluso entre dos personas en la calle, ¿o es que tú nunca has recomendado a un amigo un lugar para tomar algo o una marca de ropa? Lo curioso es que todos odiamos la publicidad pero a la vez la fomentamos, muchas veces sin darnos ni cuenta. Porque la publicidad está impregnada en todo. Sin publicidad no hay marcas.

La sensación de satisfacción al ver cómo miran tu nuevo BMW y saber que piensan que eres un triunfador, esas zapatillas que son tan caras y que llevas puestas porque son las que a CR7 le hacen meter tantos goles… ¿Qué sería de tu iPhone si Apple no hubiese construido esa imagen aspiracional? ¿O es que Zara, como no hace anuncios, no utiliza publicidad? Su comunicación, su estrategia de relaciones públicas, la localización de sus tiendas y la disposición de sus productos en la tienda… Todo está pensado y todo es publicidad. Tú eres publicidad y también publicista cuando llevas la nueva camiseta con la palabra ‘Hollister’ escrita.

Ahora, cuando tenga la suerte de poder trabajar en lo que me gusta, ni mis padres tendrán muy claro a lo que me dedico. Porque sí, soy publicista (publicitario para los más puristas), me dedico a trazar estrategias para conseguir que compres los productos de las marcas para las que trabajo. Genero conversaciones acerca de las marcas, las cuales pueden cambiar actitudes o modificar comportamientos de los consumidores.»